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Romeo Santos encandiló el Movistar Arena

En casi tres horas, el ex Aventura conquistó al público que repletó el recinto.

romeo 24 de junio de 2012

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(Foto: Geraldine Marchant//Facebook.com/fenixmusica)

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13 minutos de atraso fueron suficientes para impacientar casi hasta la locura a las 16.000 personas que coparon la capacidad del recinto del Parque O’Higgins. Una vez terminado ese tiempo, cuando culmina la música de fondo y la luz baja, los gritos van paulatinamente transformándose en verdaderos bramidos que ponían en riesgo los tímpanos de los propios asistentes.

Allí comienza el show con los músicos entrando con ritmo cándido al escenario que los esperaba con un trono dorado. De pronto asoma una dinámica que no terminará en toda la noche, a cada pequeño gesto las gradas responde con euforia. Suena una base rítmica, gritos, emana humo desde el costado del escenario, gritos, se encienden las pantallas, gritos, el trono central gira en noventa grados mostrando a Romeo Santos en él cómodamente chupando un koyak, mientran estallan gritos, gritos, y más gritos.

El galán conoce su cuento, sabe que tiene a los, y sobre todo, a las presentes ya en el bolsillo y camina por el escenario con la dureza de un gangster castigando el caramelo contra el suelo antes de cantar “You”. Cuando lanza sus gafas obscuras al público, no hay quien apague el incendio.

Si bien, la banda de respaldo cuenta con 12 integrantes, incluyendo una corista, en este primer tema se escuchan básicamente las percusiones. Es en el segundo, “La Diabla” se pueden oír por fin las cuerdas, un sobrepoblado grupo de cuatro instrumentos que suenan como uno solo.

Una gráfica a la que nada tiene que envidiarle cualquier Würlitzer de fuente de soda, funciona como fondo de bachatas que cuentan historias melodramáticas, de traiciones, dolores y desamores que las féminas presentes se saben de memoria y las cantan, las gritan, las sudan, las sienten verdaderamente suyas. Así las cosas reaccionan cantando con el alma, cada letra de los temas que se ponen en escena.

Romeo no sólo coquetea y canta a su público. También les habla con lo que en Chile llamaríamos sandías caladas, goles seguros o simplemente lugares comunes. Dedica el concierto a las chilenas, construye la ingenua batalla por ganarse el título del sector más ruidoso del recinto, pregunta dónde están los hombres, dónde están la mujeres, usa Santiago en sus letras, grita Viva Chile o, más osado incluso, un “El que no brinca esta noche no está orgulloso de ser chileno”, una fórmula que le funciona.

Impresiona la inmensa cantidad de hits del tipo en una carrera que partió en 1994, destacando canciones como “Por un segundo”, “Que se mueran”, “Los infieles”, y el tema más cachondo de la jornada, “Noche de sexo”. A base de una voz que funciona bien en vivo, un carisma que sabe transitar muy bien desde la simpatía hacia la sensualidad Romeo solidifica la devoción que existía en el Movistar Arena desde mucho antes que abriera la boca.

Y en este extenso recorrido por una carrera no tan extensa, el dominicano se toma el tiempo para pasar de cantante a animador. Realiza un concurso con tres hombres del público que deben cantar una de sus canciones y transformarse en el mejor para obtener 200 dólares de premio. Aunque la gente disfruta de su ángel para la conducción, el ejercicio frena un poco el frenesí de la jornada.

Pero el cantante sabe encantar, diciendo que entre un 1 y un 10 de calificación al público del Movistar le pone un 15, diciendo que todas las presentes son sexys o cantando verdaderos himnos del amor y desamor como “Llévame contigo”, o “Vale La Pena El Placer”.

Tras casi tres horas de show en las que el ex Aventura realmente se entregó a sus seguidores, incluyendo un jugueteo con dos asistentes que pudieron darle un piquito y tocar partes de su cuerpo, el escenario desaparece entre humo y confeti que termina por encandilar a un público extasiado por un ídolo que sabe darles lo que desean.

Publicado por: Equipo Redacción

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